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Desarrollo web

¿Vale la pena renovar tu sitio web este año?

Señales de que tu web te está costando clientes y qué priorizar en un rediseño que sí convierte.

Equipo Filumun9 min de lectura
Bocetos de diseño web sobre un escritorio

Rediseñar por gusto es caro. Rediseñar porque el sitio te está costando clientes se paga solo. La diferencia está en poder mostrar cuál de los dos casos es el tuyo, y para eso hay que mirar el sitio como lo mira un desconocido apurado, no como lo mira su dueño.

Señales de que sí

  • Tarda más de tres segundos en cargar en un celular con datos móviles.
  • Te escriben para preguntar cosas que están (mal ubicadas) en el sitio.
  • No podés actualizar un precio sin pedirle ayuda a alguien.
  • En el celular hay que hacer zoom para leer o para tocar un botón.
  • El contenido describe un negocio que ya no sos.
  • Nadie sabe cuántas consultas llegan desde el sitio.

Cualquiera de las dos primeras alcanza para justificar el trabajo. Las visitas que se van porque el sitio tarda no aparecen en ningún reporte: simplemente nunca existieron.

Señales de que no (todavía)

Si el sitio es feo pero rápido, claro y te trae consultas, el rediseño no es tu prioridad. Probablemente convenga invertir esa plata en aparecer más arriba en las búsquedas o en automatizar lo que hacés con esas consultas.

Tampoco es momento si el negocio está por cambiar: servicios nuevos, otro público, otro nombre. Rediseñar sobre un mensaje que va a cambiar en tres meses es pagar dos veces.

Qué priorizar cuando rediseñás

En este orden, porque así es como impacta en el resultado:

  • Velocidad: es la mitad de la experiencia y afecta directamente al posicionamiento.
  • Claridad: qué hacés, para quién y qué hago si me interesa, visible sin scrollear.
  • Mobile primero: es donde va a estar la mayoría de tus visitas.
  • Autonomía: que puedas editar textos y precios sin depender de nadie.
  • Medición: saber de dónde vienen las consultas desde el primer día.
  • Estética: importa, y mucho — pero apoyada sobre las cinco anteriores.
Un sitio lindo que carga lento es un cartel hermoso en una calle por la que nadie pasa.

La prueba de los cinco segundos

Mostrale la página de inicio a alguien que no conozca tu negocio, contá cinco segundos y tapala. Después preguntale tres cosas: qué vendemos, para quién, y qué harías si te interesara.

Si no puede responder las tres, el problema no es el diseño: es el mensaje. Y ese se arregla escribiendo, no maquetando. Es la prueba más barata que existe y la que más rediseños innecesarios evitó.

Qué mirar antes de pedir presupuestos

Entrá a tus propias estadísticas y buscá tres datos: qué páginas se visitan de verdad, desde qué dispositivo entran y en qué punto se van. Casi siempre aparece una sorpresa —una página que nadie mira y ocupa el menú principal, o una que trae la mitad del tráfico y está escondida.

Con eso definido, el rediseño deja de ser una lista de gustos y pasa a ser una lista de problemas a resolver. La conversación con quien lo haga cambia por completo, y el presupuesto también.

Cuánto dura un rediseño bien hecho

Entre tres y cinco años, si está construido sobre bases sólidas y podés actualizar el contenido vos. Si cada cambio requiere un desarrollador, el sitio empieza a envejecer el día que se publica.

Por eso la pregunta que más conviene hacer al cotizar no es «cuánto sale» sino «qué voy a poder cambiar yo sin llamarte». La respuesta a esa pregunta define el costo real de los próximos cinco años.

Y el día del lanzamiento no es el final. Los primeros treinta días son los que más enseñan: mirá qué páginas se usan, qué consultas llegan y qué se pregunta que ya está escrito. Ahí es donde un sitio bueno se vuelve muy bueno, con ajustes chicos y baratos.

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